Aclaración: A pesar de lo que pueda haber dicho la Prensa sensacionalista, nuestro reclamo no es “contra Chile” sino, específicamente contra los malos funcionarios de una mala administración, quienes quebraron no sólo múltiples puntos de la Declaración De Derechos Humanos, sino hasta las mismas Leyes y Constitución del Estado Chileno.

lunes, 7 de abril de 2014

068 • Intentando Intimidarla

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     Mientras tanto, a la oficina donde tenían a Roxana, volvió la inspectora Yelka para ver el avance en los interrogatorios.

     Los tres hombres, que hasta aquí no habían logrado nada de ella, parecieron verse motivados por la presencia de la inspectora y aumentaron la agresividad de sus preguntas.


     Tú eres cómplice de todo esto, no puedes seguir haciéndote la huevona y quedarte callada —le dijo uno de ellos desafiándola a hablar y para terminar de convencerla (o intimidarla) acompañó sus palabras con una fuerte bofetada en la mejilla izquierda.


     Seguramente no estará satisfecho de mis respuestas hasta que no sean las que usted quiere escuchar. Usted quiere forzarme a decir lo que desea. En mi país esto es un atropello. ¡Esto es ilegal y yo deseo la presencia de un abogado! —Dijo ella visiblemente indignada.

     Pero el detective, sin parpadear siquiera, le respondió que eso poco importaba ya que el juez les había otorgado carta blanca por cuarentaiocho horas con ellos y que en ese lapso podían hacerles lo que quisieran, cualquier cosa, remarcó con cinismo.

     Por su parte, otro de los investigadores, intentó quebrarla diciéndole que no debía cuidar tanto a los demás ya que algunas de las mujeres ya habían comenzado a hablar y que inclusive Beatriz había dicho cosas contra ella, que no valía la pena que los siguiera protegiendo y que cada cual estaba en esos momentos viendo por sus propios intereses, pero su alegato fue inútil ya que Roxana se mantuvo firme en sus principios.

     Seguramente a Beatriz y a las demás también las están agotando y matando de hambre como a mí, ya me puedo imaginar el trato que les deben estar dando y si alguna ha dicho algo, no dudo que la han obligado a decir sólo lo que ustedes quieren escuchar.

     También intentaron lograr sus retorcidos propósitos amenazándola con la cárcel, diciéndole que por el delito que habían cometido —el cual se negaron a especificar— iban a ser sentenciados a cinco años de prisión como mínimo, pero ella seguía inquebrantable.

     ¡No se preocupe por mí! Si yo tengo alguna deuda legal con el Estado chileno, si realmente soy culpable de algo, yo quiero pagarla. No deseo evadirme de nada. Yo soy una mujer madura, responsable y dueña de mis actos y sabré responder por ellos. ¡Agradezco su preocupación pero yo sé cuidarme sola! ¡¡Gracias!! —Les gritó.

     Uno de los detectives se la quedó mirando fijamente en silencio, se levantó y salió bruscamente de la habitación.

     Roxana le pidió a la inspectora que por favor le trajeran su inhalador de la casa ya que se encontraba en medio de un fuerte ataque asmático —lo cual era evidente— pero la inspectora, sin conmoverse, le respondió un ya veremos… y siguió intentando forzarla a declarar, ofreciéndole que si deseaba podía aclarar que era Ricardo quien la azotaba, la violaba y la forzaba a realizar prácticas sadomasoquistas, asegurándole que con eso saldría inmediatamente en libertad y podría ir a donde quisiera, pero Roxana les siguió repitiendo lo que ya había declarado antes. Insistió muchas veces en que ella no sabía nada de lo que ellos afirmaban.


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viernes, 4 de abril de 2014

067 • Después De Muchos Golpes Más...

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     En algún momento de la madrugada, entró la sub-comisario Correa bruscamente a la habitación donde tenían a Mercedes, diciendo:

     ¿Qué? ¡¡¿No vas a declarar?!! —Y dicho esto le pegó una bofetada tan fuerte sobre el ojo derecho, en el que tiene una visible cicatriz de un accidente que tuvo de muy niña, que el ojo quedó palpitándole durante varias horas.

     Por su parte, el detective de ojos verdes que hasta aquí se había mostrado más amable que los demás, se unió ahora al feroz grupo.

     ¡Me has hecho perder toda la noche! ¿Quieres que te tratemos como animal? ¡Pues como animal te vamos a tratar! —Y le estampó a su vez dos fuertes bofetadas sobre el lado izquierdo del rostro.

     Después de muchos golpes más, cuando ya eran cerca de la seis de la mañana y viendo que aparte de lágrimas —ya que no había podido parar de llorar durante todo el tiempo que duró su interrogatorio— no iban a conseguir nada más de ella, la sacaron de allí.


continuará ...


miércoles, 2 de abril de 2014

066 • Preocupados Por Los Otros

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     Poco después de la cinco de la mañana volvió la inspectora Yelka y junto con otra investigadora, llevaron a Roxana al tercer piso. En el camino se cruzó con Fanny que iba bajando las escaleras llevada por un detective, conversaba con él pero se le veía muy afectada. Era la primera vez que Roxana veía a alguien de la casa de Los Maquis y supuso que tendrían a los demás por allí.

     Cuando la hicieron entrar en la habitación donde habían colocado los objetos que habían traído de Los Maquis, Roxana quedó boquiabierta: Las imágenes de las Deidades en medio de condones, vídeos y revistas porno, las cadenas del auto y las traíllas de los perros, todo mezclado de manera que se veía sucio. ¡Eran increíblemente hábiles para hacer parecer todo tan terrible!

     Le mostraron algunas fotos de las esposas de Ricardo que Roxana sabía que las habían tomado expresamente para ilustrar la versión computarizada de «La Historia de O» que Ricardo estaba escribiendo, pero ella no les dio ninguna explicación ya que no quería que retorcieran más lo que decía y se limitó a permanecer callada.

     Luego la llevaron a la habitación de enfrente como habían hecho antes con Fanny y también a ella la tuvieron cerca de media hora interrogándola hasta que la inspectora Yelka se enfureció y la sacó bruscamente de la habitación.

     Al salir, intercambiaron miradas con Alberto al cual mantenían en una posición que era evidente que le tenía que estar resultando muy dolorosa, Roxana supuso que lo habían tenido así toda la noche y pensó en lo mal que debía estarla pasando.

     Alberto por su parte, al ver a Roxana pensó que estaba pasando frío con su polito de manga corta y atajó a la inspectora Yelka para explicarle que su esposa estaba muy desabrigada, que él tenía una chompa en el maletín que le habían requisado y le preguntó si sería posible que se la alcanzara, pero Roxana, intentando mantener su orgullo a pesar del terrible frío que sentía, se dirigió a su vez a la inspectora para responderle que no era necesario y le pidió a Alberto que no se preocupara ya que ella estaba bien.

     La inspectora Yelka, sin decir palabra, continuó conduciendo a Roxana a la habitación del segundo piso donde la habían interrogado inicialmente, llamó a tres investigadores, todos ellos hombres y se marchó dejándola sola con ellos.

     Poco rato después, la inspectora Yelka regresó por el tercer piso y Alberto volvió a abordarla para insistirle en la chompa para Roxana.

     La inspectora, por toda respuesta, le dijo que iba a ver lo que podía hacer y se marchó. Al rato regresó, soltó a Alberto de la silla y volviéndolo a esposar, lo llevó a la sala de enfrente donde tenían acomodada la evidencia.

     Era una sala grande. En una de las paredes laterales, ocupándola por completo, habían ordenado todo tipo de cosas, desde fotos enchinchadas a las paredes, objetos sobre la mesa y cosas desparramadas por el suelo. Al fondo, a la izquierda, en una habitación más pequeña a donde la rubia lo condujo, tenían arrumadas aún más cosas. ¡Quedó impactado! ¡Qué gran revoltijo!

     Entre el desorden de la habitación más pequeña Alberto pudo distinguir su maletín. La inspectora le quitó las esposas y él, sin decir una sola palabra, buscó y sacó la chompa que la mujer se comprometió a entregarle a Roxana.

     Mientras buscaba, encontró también un paquete de margarina que había comprado poco antes de ir a su casa y pensando que en el maletín se iba a descomponer, se lo ofreció a la inspectora para que dispusieran de él en la Brigada pero ella lo rechazó explicándole que no podían tocar nada ni recibir nada de nadie. Parecía como si la inspectora Yelka se hubiese humanizado un poco… pero tan sólo un poco. Sin embargo, a pesar de la aparente honestidad demostrada por la mujer, Alberto nunca volvió a saber de la margarina, ya que cuando pudo recuperar su maletín, el paquete había desaparecido. Al parecer, no podían recibir nada, pero sí podían tomar las cosas por sí mismos.

     La mujer condujo después a Alberto a su silla en el hall y lo volvió a esposar en la misma incómoda y dolorosa posición.


continuará ...