Aclaración: A pesar de lo que pueda haber dicho la Prensa sensacionalista, nuestro reclamo no es “contra Chile” sino, específicamente contra los malos funcionarios de una mala administración, quienes quebraron no sólo múltiples puntos de la Declaración De Derechos Humanos, sino hasta las mismas Leyes y Constitución del Estado Chileno.

domingo, 10 de agosto de 2014

102 • ¿Lo Hemos Maltratado?

... continúa


     Cerca de las siete de la noche un detective vino por Karim a la habitación donde lo habían dejado olvidado desde las cinco y media en que lo habían traído de vuelta a la brigada. En el camino se cruzó con Mara a quien llevaban de regreso hacia la oficina del tercer piso donde la habían tenido inicialmente.

     Aprovechando que los detectives se veían un tanto intimidados por el hecho de que ella tuviera un abogado, Mara aprovechó a la pasada de comentarle que su abogado le había sugerido declarar y Karim le corroboró que no había ningún problema, ya que las declaraciones hechas ante investigaciones no tenían mayor peso y que en realidad lo importante era la declaración que harían después ante el juez.

     El investigador la tironeó nerviosa pero firmemente del brazo y ya no pudieron conversar nada más, pero esto había bastado para tranquilizarla lo suficiente.

     Condujeron a Karim a la oficina del sub-prefecto Bravo donde ya estaba aguardándolo su papá junto con el sub-prefecto, quien evidentemente ya le había dado su versión de los hechos.

     Luego de una bonita introducción en la cuál el sub-prefecto Bravo le detalló la misión de la Policía de Investigaciones, procedió a preguntarle con todo el descaro del mundo si algún miembro de la institución lo había maltratado de modo alguno.

     Karim, sin dejarse seducir por los aparentes buenos tratos, respondió inmediatamente que sí y enérgicamente solicitó hablar a solas con su padre, pero éste, luego de guiñarle un ojo, lo tranquilizó diciéndole que el sub-prefecto ya había tenido suficiente paciencia con ellos y que no debían abusar de su amabilidad.

     Karim, muy enojado aún, detalló los abusos de los que había sido víctima en las últimas horas: maltratos, falta de información sobre los cargos y sobre todo, el que no le hubieran permitido la llamada a un abogado.

     El sub-prefecto Bravo, interrumpiendo bruscamente su reclamo y dando evidentes signos de enfado ante su rebeldía, sugirió que la entrevista ya se estaba haciendo demasiado larga.

     Don René se despidió cariñosamente de Karim con el ofrecimiento de que lo contactaría con un abogado y con la venia del sub-prefecto, le dejó un paquete con comida que había traído para él.

     Pocos minutos más tarde, Karim fue conducido hasta el hall de distribución del primer piso donde se encontró con Ricardo a quien hacía poco habían traído también a la brigada. Durante algún rato estuvieron juntos esperando, pero luego vinieron por Ricardo para llevárselo a declarar. Karim quedó sólo y nuevamente parecieron olvidarse por completo de él.


continuará ...

viernes, 8 de agosto de 2014

101 • La Dejaron Destrozada

... continúa


     Pocos minutos antes de las siete de la noche condujeron a Beatriz de vuelta a la oficina de la sub-comisario Rojo para ser interrogada, seguida de su hermano Héctor, a quien el sub-prefecto había autorizado a participar.



     Beatriz seguía llorando.

     A pesar de que no les habían permitido llamar a un abogado y que les habían dicho todo el tiempo que aún cuando consiguieran la presencia de uno, éste no podría ayudarlos hasta que pasaran a juzgado, ya que los interrogatorios que se hacían allí eran absolutamente privados y no podían contar con la presencia de nadie ajeno a la institución, a pesar de todo eso, fomentaron la presencia de Héctor para que éste la presionara con todo tipo de amenazas.

     Si bien la tuvieron allí desde las siete hasta las nueve de la noche, dos horas en que la sub-comisario Correa, la sub-comisario Rojo y su hermano Héctor no dejaron de atormentarla ni un momento, aún peor que el día anterior, las irregularidades en su interrogatorio fueron tales que en el acta de su declaración policial figura como si la hubieran tenido hasta las doce de la noche, en cuyo caso la sub-comisario Correa y la sub-comisario Rojo hubieran tenido que poseer el don de la ubicuidad, ya que entre las nueve y las once de la noche estuvieron oficialmente interrogando a Mara, como consta en los documentos que la misma Policía de Investigaciones presentó posteriormente al sexto juzgado del crimen.

     Los investigadores la inculpaban de todo tipo de atrocidades. Las presiones eran muchas así como las acusaciones. Ella intentaba callar todo lo que podía y sólo cuando su desesperación la forzaba, entre sollozos intentaba aclarar las mentiras de los detectives.

     Conocí a Ricardo a través de una entrevista que dio sobre Tantrismo en radio Portales poco después de llegar a Chile en 1989. Después de que escuché la transmisión, le escribí una carta, nos conocimos en persona a inicios de 1990 y a los pocos meses nos casamos —les contaba Beatriz.

     También les aclaró que tenía una excelente relación con las otras cinco esposas de Ricardo y les explicó que para ellos era más importante el matrimonio religioso y que ninguna de ellas sentía celos ya que eran como hermanas.

     Héctor intervenía constantemente en el interrogatorio, algunas veces para poner al tanto a los investigadores sobre los detalles que conocía de la vida familiar de su hermana —lo cual era muy poco, ya que él jamás había ido a visitarlos, sólo lo había hecho en una ocasión doña Eloísa, la madre de Beatriz, quien había vuelto muy contenta por la paz que allí se vivía— pero en la mayoría de los casos lo hacía para presionarla cada vez que los detectives lanzaban alguna acusación, poniéndose del lado de ellos y siendo más cruel aún en sus acusaciones y amenazas.

     Cuando los investigadores usaron las fotos para acusarlos, ella les explicó que eran para ilustrar el libro que Ricardo estaba escribiendo y que todo allí era montaje, ya que ninguna de ellas llevaba candados en la vulva ni en los pezones, tal como el médico ya lo había verificado.

     Jamás hemos forzado a nadie, las personas que nos visitan pertenecen a nuestra Religión o son personas que acuden a Ricardo en busca de consejos para su vida, a veces incluso de su vida sexual, pero que en todos los casos vienen por su voluntad y se marchan cuando lo desean, nunca hemos obligado a nadie a nada —les explicaba ella cuando la acusaban de haber forzado a otras mujeres a realizar prácticas sadomasoquistas.

     El hermano de Beatriz, muy molesto al ver que su apellido había aparecido en los noticieros y dejándose llevar por el escándalo que investigaciones había desatado, estuvo durante todo el tiempo que duró su interrogatorio «formal», presionándola para que firmara y afirmara lo que Policía de Investigaciones quería y amenazándola con que él mismo iba a conseguir la forma de encerrarla en una clínica psiquiátrica de la que no podría volver a salir si no colaboraba con los investigadores, ya que prefería eso a que ella terminara en una cárcel destrozando de ese modo a su madre y ensuciando el apellido familiar.

     Después de que tipearon todo lo que quisieron, mediante más amenazas y más golpes, la obligaron a firmar tres hojas de una declaración que ella no había hecho y que no le permitieron leer.

     Beatriz estaba destrozada, no podía más. No le importaba que su hermano le dijera que los investigadores la iban a ayudar y que ahora verían cómo sacarla de allí lo antes posible, lo único que quería era desaparecer, que la dejaran en paz, no volver a saber nada de nadie.


continúa ...

miércoles, 6 de agosto de 2014

100 • Tenían Derecho A Un Abogado

... continúa


     En la oficina en donde las mujeres aguardaban a que las llamaran a declarar, se oía mucho, mucho ruido... ruidos de voces, ruido de música e incluso ruido de golpes.

     Eran pasadas las seis de la tarde cuando vino un investigador delgado, de barba y con apariencia de tramitador a explicarles cuáles eran sus derechos. La primera a la que se acercó fue a Gaby y empezó su maravilloso discurso diciéndole que sí tenía derecho a un abogado.

     ¡Resultaba realmente chocante! Después de más de treinta horas en que ellos habían insistido para que se les permitiera llamar a uno y los Investigadores recién admitían que, en realidad, sí tenían derecho a pedir su presencia.

     Gaby no quiso dejar pasar el momento e interrumpió rápidamente el discurso del investigador. Realmente no sabía a quien iba a llamar, ya que los dos únicos abogados que conocía estaban allí arrestados también, pero si era su derecho, deseaba hacer su llamada, algo se le ocurriría. Solicitó que en ese caso, tal como era su derecho, se le permitiera llamar por teléfono, pero para nueva frustración de ella, a pesar del admirable discurso que le acababa de soltar el investigador donde parecía que al fin las leyes empezaban a cumplirse y algo de justicia habría, no le permitieron hacer la llamada. Se la negaron con un rotundo ¡NO!, sin mayores explicaciones y sin permitirle alegar o continuar hablando.

     El investigador continuó desde el punto en el que se había quedado, explicándole que por el hecho de ser peruana, ella podía, si quería, pedir la presencia de su cónsul y que si ella así lo solicitaba, se redactaría un papel, el cual debía firmar y sería enviado al Consulado al día siguiente.

     ¡Otra más de las tretas de Policía de Investigaciones! Recién les informaban del derecho que como extranjeros tenían de exigir que se comunicara inmediatamente su situación a su Consulado (tal como está estipulado en la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares), Ricardo se lo había exigido expresamente al sub-prefecto Bravo el día anterior al ser arrestados, pero los policías no sólo lo habían ignorado sino que habían manipulado los partes para que figurara como que todos habían sido arrestados recién ese día y por si esto fuera poco, les informaban de su derecho a estas horas de la tarde, con lo que la comunicación llegaría al Consulado peruano recién al día siguiente, esto es, casi cuarenta y ocho horas después del arresto y lo mismo harían con el oficio para el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Jefatura Nacional de Extranjería.

     Gaby le dijo inmediatamente que sí, que ella deseaba la presencia de su cónsul, pero ni bien terminó de decir la frase empezó a dudar si había hecho lo correcto ya que no estaba totalmente segura de lo que esto implicaba, pero el investigador ya se había marchado y estaba ahora preguntándole lo mismo a Mercedes y ella, que no sabía ni sabe mucho de leyes, también le dijo que sí, aunque con una duda tremenda dando vueltas en su cabeza.

     Después que el investigador con apariencia de tramitador le dio el mismo discurso a Elsa, se marchó rápidamente.

     Las chilenas no fueron informadas de su derecho a solicitar un abogado… aunque de todos modos no importaba realmente, ya que igual no les hubieran permitido hacer uso de él.

     Mercedes miraba con insistencia a Gaby como preguntándole que debía hacer, pero ella, que ni siquiera estaba segura que lo que había respondido fuera lo mejor para todos, no supo qué contestarle.

     Mercedes movió disimuladamente las manos preguntándole, con el pseudo lenguaje de los sordomudos que de niña había aprendido en el colegio, con la esperanza de que Gaby la entendiera.

     Gaby sí lograba entender lo que Mercedes quería preguntarle, más que por sus manos —ya que ella también en sus juegos infantiles había aprendido estas señas, aunque con algunas pequeñas variantes— porque ella también necesitaba que alguien le dijera cuál era la mejor opción pero, sin saber qué responder, se limitaba a mover negativamente la cabeza y a alzarse de hombros por toda respuesta.

     El tiempo transcurría y Mercedes en su desesperación —la cual iba en aumento— movía insistentemente las manos repitiendo una y otra vez la misma pregunta. No quería hacer nada que perjudicara el caso.

     Finalmente, Gaby se arriesgó a mover los labios diciéndole no sé, aunque sin emitir sonido alguno, pero el investigador, que parado al lado de Mercedes vigilaba la habitación, se dio cuenta y sin más juntó la puerta y ya no pudieron seguirse viendo.

     Poco rato después, un investigador vino y se llevó a Mercedes a una sala contigua para intentar nuevamente hacerla declarar pero, en cuanto entraron, ella se apresuró a repetirles con firmeza que no iba a hacer ninguna declaración sin la presencia de un abogado.

     En cuanto el detective verificó que ella era peruana, le preguntó si iba a esperar hasta que viniera su cónsul.

     Mercedes, intentando ahorrarse los malos tratos del día anterior, respondió afirmativamente y los investigadores, sin intentar nada más, la sacaron de allí.

     Cuando salió al pasillo, escuchó a unos investigadores que comentaban que dos de ellas ya habían firmado para que viniera el cónsul, pero no mencionaron los nombres y aunque lo hubieran hecho, a esas alturas igual no les habría creído.

     Cuando la iban a hacer entrar nuevamente a la oficina donde aguardaba Elsa, se cruzó con Lola a la que estaban llevando de regreso al cuartel central. A la pasada, Mercedes le preguntó desesperada:

     ¿Has firmado algo? ¿Has firmado algo?

     Ella quería que le dijera si debía o no firmar la solicitud para el cónsul, pero Lola la miró con extrañeza, no entendiendo a qué se refería y pensando que tal vez se tratara de los interrogatorios, le aseguró que ella no había firmado ningún papel.


continuará ...