Aclaración: A pesar de lo que pueda haber dicho la Prensa sensacionalista, nuestro reclamo no es “contra Chile” sino, específicamente contra los malos funcionarios de una mala administración, quienes quebraron no sólo múltiples puntos de la Declaración De Derechos Humanos, sino hasta las mismas Leyes y Constitución del Estado Chileno.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

010 • No le permitieron abrigarse

continúa ...


     La puerta del cuarto de cómputo se abrió un par de veces pero sólo para que pudieran entrar y salir investigadores cargando la supuesta evidencia y luego era vuelta a cerrar inmediatamente.

     Carlos, que desde su ubicación en el interior del cuarto iba viendo pasar las distintas cajas, pensaba que todos los papeles o cosas que pudiesen encontrar no tenían ninguna importancia, pero cuando vio que un investigador salía cargando la caja amarilla de carpetas colgantes en donde tenían guardados los pasaportes, entonces sí se preocupó: ¡ahora sabrían que las visas de las cuatro peruanas estaban vencidas!

     También Mercedes cuando vio salir al investigador y se dio cuenta de lo que llevaba, no pudo evitar un sobresalto ya que pensó que probablemente las iban a deportar, que las iban separar de Ricardo, puesto que ellas habían quedado ilegales pero él sí era residente.

     Definitivamente, esto era lo peor que les podía suceder… al menos, eso era lo que creían hasta ese momento...

     No les permitían hablar entre ellos y a cada palabra que intentaban decir, los cortaban con amenazas de todo tipo, pero a pesar del temor que tenían, o tal vez por este mismo temor y la desesperación por comunicarse, fue que empezaron a intercambiar miradas y señales tranquilizadoras.
 
     Una de las veces en que Mercedes pasó por el costado de Ricardo para ir al baño, cruzó sus brazos sobre el pecho haciendo el gesto que significa te amo en el lenguaje de los sordomudos y él le respondió de la misma manera.

     A partir de ese momento, cada vez que una de las señoras Badani se cruzaba con Ricardo, expresaban su unión con este gesto. Para ellos, este símbolo significaba mucho más que una simple muestra de cariño, era: puedes contar incondicionalmente conmigo, pase lo que pase.
 
     En medio de muchos sobresaltos, Gaby alcanzó a decirle a Mara que si no les daban forma o plazo para arreglar su situación y las deportaban por estar ilegales, de alguna manera ella la llamaría por teléfono a casa de algún pariente y que no se preocuparan por ellas cuatro ya que se mantendrían unidas.

     A pesar de lo confuso de toda la situación, aún a estas alturas estaban convencidos de que todo este malentendido terminaría por aclararse, lo único de lo que se les podía acusar era de la estadía ilegal en Chile de las cuatro peruanas y no podían tener problemas por nada más… simplemente ¡no podían!

     Gaby intentó coordinar con las otras tres un lugar de encuentro en Perú, ya que pensaba que saliendo de allí tal vez no podrían volver a verse, pero le fue totalmente imposible.

     En un momento en que la sub-comisario Correa cruzó la habitación donde mantenían a las mujeres, Fanny aprovechó de pedirle autorización para alcanzarle ropa de abrigo a Carlos. Él había estado trabajando en el campo antes del almuerzo y estaba vestido con ropas sumamente ligeras.

     La sub-comisario, que ahora se esforzaba por parecer neutral, aceptó aunque de mala gana y Fanny corrió inmediatamente a buscar la ropa.

     Varias de las señoras Badani, que también estaban preocupadas por lo desabrigado que andaba Ricardo, aprovecharon la oportunidad para pedirle a Fanny —la única a la que daban permiso para circular por la casa— que le pasara también ropa de más abrigo y zapatos a Ricardo, ya que dada la ubicación en que se hallaba sentado, era evidente que se debía estar congelando. El estaba en sus típicas zapatillas de levantarse y con un buzo bastante delgado que usaba para trabajar en la habitación de las computadoras, que era la más abrigada de la casa.

     Fanny quiso aprovechar su buena racha y pidió nuevamente permiso —esta vez a la inspectora Yelka— para pasarle un par de zapatos a Ricardo, pero la mujer, devolviéndola bruscamente a la realidad y al trato brutal característico de ellos, le contestó:

     ¡¿Qué, tú eres la que le toca esta noche?!

     Fanny respondió rápidamente, visiblemente indignada ante la insinuación, explicándole que lo hacía simplemente por amabilidad.

     Nuevamente Ricardo tuvo que intervenir haciéndole señas para que se controlara, pero a Fanny, a pesar de saber que no le servía de nada discutir, le costaba muchísimo quedarse callada, realmente sentía mucha rabia hacia aquellas mujeres tan agresivas.

     Al enterarse del pedido, la sub-comisario Correa se negó rotundamente a que Ricardo se cambiara de ropa, que se abrigara un poco y ni siquiera lo dejó ponerse zapatos, pero les ofreció a sus esposas, a manera de conciliación, que podría cambiarse después, antes de que se fueran a Santiago.


continuará ...


domingo, 22 de septiembre de 2013

009 • Intimidando a Alejandra

continúa ...
 
 
     Cuando Fanny entró en la cocina, encontró un ambiente festivo de parte de los investigadores que disponían de las cosas de la casa a su entera libertad, sin pedir permiso o al menos informar y mucho menos lavar lo que usaban.
 
     Traían bebidas, sándwiches y cosas para festejar. Usaban los platos, los cubiertos, los vasos y se servían cómodamente el almuerzo haciendo bromas al respecto.
 
     Al parecer a ellos, todo este asunto, no había sino despertado sus apetitos.
 
     Arrinconada contra el refrigerador y rodeada por cuatro investigadores, tenían sentada a Alejandra, encogida, medio resfriada y sin ropa de abrigo. Ella temblaba visiblemente, tal vez de frío o tal vez de susto o, más probablemente, de ambos, ya que los investigadores —todos ellos hombres— se hallaban muy cerca de ella… ¡Demasiado cerca!

     Cuando vieron que Fanny entraba, cogieron a Alejandra del brazo y la llevaron casi a rastras fuera de la casa. Al pasar a su lado, Alejandra la miró un instante. ¡Se le veía muy asustada!

     Fanny, con los nervios que traía, colocó en silencio las tazas de té en el microondas… ¡con bolsitas filtrantes y todo!
 
     Otros detectives que permanecieron en la cocina comiendo y haciendo comentarios sobre las tablas de horarios que estaban pegadas en el refrigerador y lo ordenados que eran en la casa, aprovecharon la ocasión para hacerle conversación. Se mostraron muy simpáticos y amistosos. Le preguntaban de qué parte de Chile era y cosas por el estilo, pero ella, respondiendo en la forma más escueta posible, se apuró en salir de la cocina tan rápido como pudo, con tres tazas de té a medio calentar, una de las cuales le alcanzó a la pasada a Ricardo y las otras dos las llevó al dormitorio.
 
     Sería entre las tres y las cuatro de la tarde cuando trajeron a Alejandra de regreso y la hicieron pasar al dormitorio de las mujeres. Temblaba más marcadamente aún que antes.
 
     Beatriz no pudo evitar sentir mucha pena por ella al verla tan indefensa, tiritando de frío y asustada y reaccionando inmediatamente, cogió la casaca que había separado para sí misma para cuando los llevaran arrestados a Santiago y sin decir palabra, se la puso sobre los hombros para que se abrigara.
 
     Gaby le miró los pies, que al estar con sandalias y sin calcetines, se habían puesto morados por el frío. Tanta pena le dio verla así, que se arriesgó a pedirle permiso a una de las investigadoras para alcanzarle unas medias de su clóset (una de las pocas cosas que aún quedaba en su lugar en una de las divisiones). La investigadora de pelo castaño y aspecto bastante viril, asintió con desgano.
 
     Alejandra se había sentado junto a Beatriz y le sujetaba fuertemente la mano.
 
     No había pasado ni quince minutos cuando vino un investigador y se la llevó rudamente del dormitorio. Ahora estaba un poco más abrigada, pero aún seguía sumamente asustada...
 

continuará ...

jueves, 19 de septiembre de 2013

008 • ¿Una tira de Ignorantes?

continúa ...
 

    Mientras tanto, en el hall de distribución, los investigadores hacían uso constante de la radio para ponerse de acuerdo con un segundo grupo —que al parecer venía en camino— sobre los preparativos y de rato en rato se les oía comentar ya están a una hora y media, ya están a una hora.

    Tal era el interés que demostraban en estas comunicaciones que en ocasiones era la misma sub-comisario Correa la que pasaba largo rato coordinando.
 

    Carlos —que seguía sentado en una silla en el cuarto de cómputo— quedó impactado cuando vio aparecer en el umbral de la puerta a la inspectora Yelka Rot Sulin… Alta, flaca y desaliñada, más parecía un hombre y de muy malos tratos. La inspectora entró dando bruscas órdenes a los otros detectives y empezó ella misma a dar vuelta a todas las cosas que había allí.

     Después de que hubieron revisado esta habitación, comenzaron a clasificar allí las «evidencias». Trajeron muchas cosas como casacas y faldas de cuero, las cadenas del tractor, fustas, látigos, objetos religiosos, fotos personales de Ricardo y de sus esposas e incluso, los tres arneses de los perros.

     Diligentemente llevaban y traían cosas de toda la casa.

     Carlos los veía entrar y salir con indiferencia, aunque hubo una caja de cartón que llamó especialmente su atención, ya que se veía distinta de todas las demás y no le pareció reconocerla como parte de la casa, incluso le dio la impresión de que los investigadores la habían traído con ellos de Santiago. Supuso que sería para guardar en ella las cosas que tan cuidadosamente iban seleccionando, pero lo raro era que daba la impresión de ya estar llena.

     Los detectives, de manera muy esmerada, elegían y catalogaban las cosas y las llevaban luego a la habitación de Ricardo, donde todo era dispuesto en forma ordenada como para una exhibición, seleccionando en primer plano las cosas que encontraban más curiosas y a las que podían darle una connotación más obscena y lasciva. Cuidaron mucho de disponerlo todo con malicia.

     Había transcurrido ya bastante rato desde que se había iniciado todo este atropello cuando la sub-comisario Correa entró brusco al cuarto en que mantenían a las mujeres y mirándolas con cara de desprecio, les dijo:

     ¡¡Todas ustedes son una tira de ignorantes, por eso es que están aquí, les lavan el cerebro y luego las usan como quieren, por ejemplo, tú…!! ¡¡¿Qué es lo que sabes hacer?!!

     La sub-comisario señaló con un gesto despectivo a Gaby y la miró a los ojos con aire de superioridad. Ella, sosteniéndole firmemente la mirada, pero intentando mantenerse en el propósito de no pelear más, se esmeró en responder en el tono más afable que pudo conseguir y le dijo que era analista programadora.

     Gaby no pudo evitar el sentirse orgullosa al contestar, ya que si bien la imagen que siempre se ha difundido de las «sectas» es que es un grupo de gente que capta personas ignorantes o débiles mentales para aprovecharse, en el caso de todos ellos esta afirmación resultaba imposible de sostener, además, lo que habían visto y vivido en todos los años que llevaban en su Religión, era totalmente opuesto.

     La sub-comisario frunció un poco el ceño y pensando, tal vez, que podía amilanar con la misma pregunta al resto, procedió a preguntarle lo mismo a las demás.

     Lola le informó que era arquitecto, Elsa le dijo que era diseñadora de modas y Mercedes que era diseñadora gráfica. Al parecer estas respuestas no eran las que la sub-comisario esperaba, ya que en este punto desistió de seguir preguntando y más bien agregó en tono irónico:

     Aquellas que tengan buenos puestos de trabajo… ¡ya los perdieron!

     Poco rato después, la sub-comisario Correa se acercó disimuladamente a los demás investigadores que se hallaban en el dormitorio y en voz bien baja les dijo:

     Tranquilos no más, no traten tan mal las cosas… no sea que vayamos a tener problemas aquí…

     La actitud prepotente de la sub-comisario se suavizó un poco y ella misma autorizó a Fanny para que, si deseaban, ella se encargase de ir a la cocina a traer un par de tazas de té caliente para que las repartieran entre todas. El día se estaba poniendo especialmente frío con el paso de las horas, de modo que Fanny aceptó la oferta y partió apresuradamente antes que la mujer se fuera a arrepentir.


continuará ...