Aclaración: A pesar de lo que pueda haber dicho la Prensa sensacionalista, nuestro reclamo no es “contra Chile” sino, específicamente contra los malos funcionarios de una mala administración, quienes quebraron no sólo múltiples puntos de la Declaración De Derechos Humanos, sino hasta las mismas Leyes y Constitución del Estado Chileno.

sábado, 31 de mayo de 2014

084 • De Vuelta A Casa

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     Sería alrededor de las diez de la mañana cuando Roxana, que había pasado toda la noche en la brigada, con los ultrajes característicos de los detectives, notó que el trato hacia ellos comenzó a cambiar y empezó a hacerse bastante más educado. Eso despertó sus sospechas.

     Un investigador vino a buscarla y sin darle ninguna explicación se la llevó escaleras abajo.

     Poco rato después el inspector Silva volvió a subir al tercer piso y dirigiéndose a uno de sus ayudantes dijo señalando a Alberto:

     A ese lo necesito para trabajar.

     Alberto fue conducido también hasta el primer piso por dos investigadores, mientras el inspector Silva se quedó un rato más dando vueltas por ahí y luego, como si lo hubiera evaluado lo suficiente, señaló a Carlos diciendo:

     Ya… que lleven a este también.

     Carlos pensó que tal vez se tratara de una nueva sesión de interrogatorios y sin poder objetar, tuvo que seguir a su guía escaleras abajo y después hasta el estacionamiento, donde ya se encontraban Roxana, Alberto y un poco más allá, tenían también a Claudia, a la que habían traído de los calabozos del cuartel central. Ambos hombres continuaban aún esposados.

     El inspector Silva les habló —en el tono más encantador que pudo encontrar— para explicarles que los iban a llevar a la casa de la calle Guanaco para que arreglaran algunos asuntos, se asearan, se cambiaran y se pusieran ropa de más abrigo y además, para que vieran a la perrita, pero que dependía de ellos cómo los trataran. Les advirtió que se portaran bien, que no hicieran problemas y que, por ningún motivo, hicieran escándalo, porque entonces habría graves consecuencias para todos y la pasarán muy mal, les recalcó.

     Claudia se puso muy contenta. No sólo le alegraba la idea de ver qué había sido de Pelusa, sino que deseaba terriblemente poder ponerse ropa más gruesa, ya que estaba tan desabrigada que no había podido parar de temblar por el frío tan intenso que sentía.

     También Roxana, echando a un lado su recelo inicial, se alegró ya que pensó que todo había comenzado a aclararse y que probablemente se estaban dando cuenta ya de su error o, al menos, estaban empezando a respetar los derechos que les aseguraba la ley.

     El auto en el que viajaban Claudia y Roxana partió el primero.

     En el auto en el que hicieron subir a Alberto subió un investigador como chofer, otro detective se sentó en el asiento trasero junto a él y una mujer detective, muy mal encarada y que se encargaba de las comunicaciones mediante un radio portátil, hacía las veces de copiloto. Partieron rápidamente detrás de las mujeres.

     Por último, al auto en el que iba Carlos subió, con toda la calma del mundo, el inspector Mario Silva de copiloto. Cuando ya iban en ruta, el inspector empezó a chequear su aspecto revisando detalladamente su imagen en el espejo retrovisor… de pronto se sobresaltó y se empezó a revisar inquieto sus bolsillos, como buscando algo: le faltaban sus típicos lentes de policía y estuvo a punto de hacer que el auto regresara sólo para buscarlos.


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domingo, 25 de mayo de 2014

083 • Para Que No Descansen

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     A La Patilla entró un guardia con una lista. El procedimiento era simple: dictaba el apellido paterno, luego el apellido materno y ellas debían responderle con su primer nombre. Al terminar, el guardia se marchó para hacer exactamente lo mismo en los demás calabozos.

     Al poco rato vino otra vez un guardia —tal vez era el mismo de antes, tal vez era otro— y el procedimiento se repitío exactamente igual que la vez anterior.

     La rutina de tomar lista continuó con intervalos de no más de media hora desde que llegaron hasta bien avanzada la tarde, a pesar de haber pasado toda la noche despiertos en los interrogatorios. Esas interrupciones constantes evidentemente eran para evitar que pudieran descansar… aunque realmente, tampoco hubieran podido relajarse y descansar con todos los sucesos ocurridos en las últimas horas que se agolpaban en sus mentes una y otra vez quitándoles el sueño.

     Ricardo, intentando tomar con filosofía todo el asunto, cada vez que venían a empadronarlo, se ponía a conversar con los guardias animadamente, sin evidenciar ningún signo exterior de cansancio.

     A eso de las nueve de la mañana, las mujeres de La Patilla volvieron a ser interrumpidas por dos guardias que llegaron trayéndoles el desayuno… ¡si se podía llamar así a lo que traían!

     Cargaban un perol totalmente manchado de tizne, repleto con un té tibio turbio con grandes círculos de grasa; dos jarros plásticos que se veían cubiertos íntegramente de una grasa rojiza y una bolsa con unos cinco o seis panes durísimos que debían tener mucho más de una semana de antigüedad, además de una mortadela grasosa y maloliente.

     Jamás antes habían visto ellas unos panes así de duros y latigudos, parecía que hubieran sido hechos meses atrás, aunque a decir verdad, no les encontraron manchas de hongos a pesar de que los revisaron muy cuidadosamente antes de atreverse siquiera a cogerlos.

     Mercedes permaneció sentada, decidida a no aceptar nada que viniera de ellos… ni siquiera el agua. No podía quitarse la desconfianza de encima y prefería mantenerse alerta a pesar de que el estómago ya le reclamaba y hasta le dolía por el hambre. En otras circunstancias, ella jamás habría sido de las que se privaría de ninguna comida.

     El aspecto del desayuno no era para nada apetitoso, pero como no sabían si lo que vendría después sería igual o peor, varias de ellas se esforzaron por comer algo a pesar de lo repugnante de la apariencia de la comida.

     Gaby, resignada, se decidió a tomar un cuarto de pan que abrió por la mitad y le insertó una rebanada de mortadela, esperó pacientemente su turno y se sirvió media taza de aquel té, pero después del primer trago, prefirió dejarlo y limitarse únicamente al mendrugo, con el cual tuvo que hacer grandes esfuerzos para lograr tragarlo.

     Lola y Fanny tuvieron un poco más de control que el resto y pudieron llegar a comer algo más de aquel desayuno, sin embargo, al poco rato, ambas se quejaban de un fuerte dolor de estómago.

     Las mujeres, venciendo el asco inicial, se esforzaron por no averiguar la procedencia de las manchas que cubrían en varios lugares las frías bancas de piedra, arrimaron trapos y papeles y se hicieron sitio en medio de la inmundicia, tapándose a duras penas con la misma ropa que llevaban puesta, estirando las chompas o cubriéndose con las casacas y esforzándose por estirar las prendas lo más posible para abrigarse de alguna manera. Se acurrucaron formando un solo cuerpo a intentar de alguna manera descansar —aunque con las constantes interrupciones de los guardias— mientras las horas pasaban sin mayor novedad.

     Como era de esperarse, con el paso de las horas, surgieron las necesidades naturales. Miraron a su alrededor y no encontraron un inodoro… aunque podía decirse que todo aquel lugar era uno: tenían que deambular con cuidado esquivando los orines y excrecencias de prisioneros anteriores que estaban desperdigados por todo el piso. A pesar de que el lugar era realmente insalubre y que hubieran preferido esperar, tuvieron que ceder paso a la necesidad y una de las veces que el guardia apareció en La Patilla a tomarles lista, las mujeres se arriesgaron a pedirle que les brindara algo de papel higiénico.

     El hombre se disculpó amablemente explicándoles que a ellos no les daban ningún tipo provisión para los presos, pero las mujeres insistieron en su súplica, pidiéndole que por favor les consiguiera aunque fuera un poco, asegurándole que ellas verían la forma de devolverle el importe en cuanto tuvieran cómo.

     El guardia se marchó sin prometer nada y una hora o tal vez dos horas más tarde, volvió con un rollo de papel higiénico que tenía bastante menos de la mitad. Ellas, sumamente agradecidas, le ofrecieron que cuando salieran de allí verían de hacerle llegar el dinero, pero el guardia se rehusó y en tono amable les explicó que era de su propio consumo.

     Aquel era el primer gesto amable y desinteresado que veían en la institución.


continuará ...

viernes, 23 de mayo de 2014

082 • Amanecer en la Brigada

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     Era poco antes de las ocho de la mañana en las oficinas de la Brigada de Delitos Sexuales y la ciudad, con sus oficinas, estaba empezando nuevamente a despertar.

     Vinieron por Carlos y lo llevaron hasta el hall del tercer piso donde lo volvieron a esposar a una silla al lado de Alberto, siempre en la misma dolorosa posición.

     Los dos hombres tan sólo pudieron intercambiar unas pocas miradas.


     La ubicación de Carlos, cuya silla quedó exactamente frente a la oficina donde tenían guardadas las cosas que habían incautado de Los Maquis y de calle Guanaco, le permitía ver en detalle cómo los investigadores paseaban constantemente gente por este centro de exposiciones que ellos habían armado con malicia, mostrándoles imágenes, fotos, arneses para perro y una infinidad de cosas más, amenizando el recorrido con las más disparatadas explicaciones sobre los usos de los diversos objetos.

     Al menor descuido de los investigadores, Alberto y Carlos aprovechaban para hacerse rápidas preguntas sobre cómo se encontraban, qué le había pasado a Ricardo, qué había sido de las mujeres y de los demás del grupo, dónde tenían a los demás…

     En su paso por el tercer piso, el inspector Silva hizo un alto frente a los dos hombres para saludar muy amablemente a Carlos; su cara era muy cordial a esas horas de la mañana, como si ya no recordara que hacía muy pocas horas él había sido su principal torturador. Luego, con la ayuda de otros investigadores, el Inspector empezó a separar algunos objetos de lo que había en la sala de exhibición y con ellos llenaron un par de cajas grandes que se llevaron.


continuará ...