Aclaración: A pesar de lo que pueda haber dicho la Prensa sensacionalista, nuestro reclamo no es “contra Chile” sino, específicamente contra los malos funcionarios de una mala administración, quienes quebraron no sólo múltiples puntos de la Declaración De Derechos Humanos, sino hasta las mismas Leyes y Constitución del Estado Chileno.

viernes, 6 de marzo de 2015

137 • Los Tormentos de Alejandra

... continúa

     En cuanto las mujeres se vieron nuevamente solas, lo primero que hicieron fue abrazarse, darse ánimos, contarse los maltratos sufridos y recordarse que debían mantener la fe y continuar cantando sus Mamntra, aunque esto último no fue realmente necesario, ya que ninguna lo había suspendido en ningún momento.

     Era increíble, incluso ellos que normalmente atesoraban cada pequeño detalle y que disfrutaban inmensamente tan sólo del hecho de vivir y estar juntos, ahora sentían que el poder verse, el abrazarse, el poder contarse cosas, aunque fueran cosas tan terribles como las que estaban viviendo, los llenaba de una inmensa dicha.

     Todas las señoras Badani habían asumido el compromiso voluntario de no comer ni beber nada hasta que Ricardo no lo hiciera y el resto de las mujeres se unió firmemente a su decisión.

     Alejandra, abrazada fuertemente de la frazada que aún cubría su cintura, se veía muy incómoda y totalmente aparte del grupo. La pobre chiquilla se mantenía en todo momento con la mirada baja.

     Claudia y las demás mujeres se acercaron a darle las mismas muestras de apoyo y afecto que se habían estado dando entre ellas y Alejandra, agradecida pero aún temerosa, se decidió a hablar.


     Les contó como el primer día la habían obligado a desnudarse delante de varios investigadores —todos ellos hombres— y, amenazándola con que allí le podría pasar cualquier cosa, incluso que la podrían violar y nadie se enteraría, le habían hecho firmar una declaración que ni siquiera le habían permitido leer, pero les aseguró que estaba convencida que aquella declaración no era buena, dadas las preguntas que le hacían.

     También les contó que mientras estaban aún en Los Maquis, la habían forzado a llevarlos por todo el terreno para que les indicara las ubicaciones de las grutas de las Deidades, pero que ella se había perdido, ya que apenas conocía la propiedad y después de muchas vueltas habían llegado hasta la gruta del cerro que tenía la imagen de Shrii Shiva.

     Cuando habló de las culpas que la atormentaban y vio que las demás mujeres no la rechazaban sino que la acogían aún con más preocupación, se puso muy animosa.


     Me dijeron que ustedes hacían ceremonias extrañas y que violaban a las mujeres, incluso decían que mi hermano me había violado a mi y que tengo relaciones sexuales con él. ¡Qué ridículos! —Les dijo ya más tranquila.

     Un rato después vinieron dos investigadoras muertas de la risa, exhibiendo visiblemente una toallita higiénica que traían para que Alejandra se pusiera… pero traían nada más, ni útiles de aseo ni ninguna prenda de su propia ropa —la cual ya estaba en poder de los policías— a pesar de saber que sus pantalones estaban muy manchados.

     Beatriz buscó rápidamente en la bolsa con ropa que le había traído su mamá y le pasó de allí una falda y una trusa para que se cambiara.

     Las investigadoras la llevaron a un lado de La Patilla, al mismo caño al aire libre al que habían sido llevados antes y le ordenaron que se lavara, ya que sólo allí podría asearse y ponerse ropa limpia, a pesar de disponer de baños privados, incluso en algunas celdas.

     A pesar de ser mujeres también, no sintieron ni un poco de compasión por los momentos tan desagradables que la estaban haciendo pasar y la pobre Alejandra tuvo que lavarse a como pudo, ante la mirada de las dos investigadoras, que sin quitarle la vista de encima, no dejaban de murmurar entre ellas y reírse a todo pulmón, además de los muchos sobresaltos, ya que personal de la institución —de ambos sexos— circulaba por allí sin permitirle ninguna privacidad.

     Cuando la llevaron de regreso a la celda, estaba con las mejillas rojas y la mirada fija en el suelo. La situación había sido sumamente incómoda para ella.

continuará ...

sábado, 7 de febrero de 2015

136 • En Huelga de Hambre

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     En cuanto el guardia encerró a Gaby de vuelta en su celda, Beatriz y Fanny la abrazaron afectuosamente y Alejandra, a la que habían puesto ahora también con ellas, le sonrió desde su rincón.

     Beatriz le contó que Ricardo se había preocupado mucho por ella —más aún cuando Karim le había narrado el intento de violación de Claudia por parte de un guardia— y había exigido, hablando en un tono muy alto como para que todos lo oyeran, que inmediatamente se notificara al cónsul peruano de su presencia allí y que viniera la sub-comisario Correa a hablar en persona con él, pero que aún no había noticias de ninguno de los dos.

     También le dijo que se habían enterado que Ricardo estaba haciendo huelga de hambre y que no había probado bocado, ni bebido líquido, desde que habían sido arrestados y que había resuelto no romper el ayuno hasta que no se hicieran valer sus derechos.

     Después de que Gaby las pusiera al tanto de lo sucedido con ella, las mujeres se acomodaron en las frías bancas para intentar descansar un poco. Un rato después, vino el guardia trayéndoles el desayuno: No sólo parecía que fuera el mismo menú del día anterior sino, peor aún, que fueran las sobras del día anterior y probablemente de muchos días anteriores, dado el aspecto.

     Beatriz y Gaby informaron al hombre que habían decidido no comer ni beber nada, ya que si Ricardo estaba haciendo huelga de hambre, ellas lo acompañarían y no comerían hasta que él no lo hiciera primero, pasara lo que pasara. Fanny se unió a su decisión. Además de hacerlo por solidaridad —según les dijo— lo hacía porque tampoco había mucho por comer allí y de todos modos no podría comer nada en aquél asqueroso lugar. Alejandra simplemente permaneció mirando el piso en un solidario silencio.

     El guardia tuvo que retornar por donde había venido con la olla de té y los panes duros que había traído consigo.

     Pocos minutos más tarde volvió nuevamente el hombre para llevarlas con el resto de las mujeres, que desde que habían vuelto de la filmación se encontraban juntas en La Patilla, ya que, según les comentó, los calabozos de arriba iban a ser limpiados y desinfectados.

     Esta vez era Mara la que faltaba en el grupo.


continuará ...

viernes, 30 de enero de 2015

135 • Sola Con Todos Ellos

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     Cuando Gaby quedó sola en el pequeño teatro de la Policía de Investigaciones, miró por primera vez a su alrededor y vio que, aparte del investigador que les había estado dando órdenes, había un investigador parado detrás de la cámara, dos en la esquina derecha del salón, un par más en la esquina izquierda y otros tres cuchicheaban mirando en su dirección desde la mezanine, en total eran unos nueve o diez investigadores y todos eran hombres.

     Secamente le indicaron que se pusiera en pie, mientras visiblemente cerraban todas las puertas del lugar.

     Su corazón latía con mucha fuerza mientras tenazmente permanecía sentada, aferrándose firmemente a los brazos del sillón, intentando parecer tan relajada como en realidad no se encontraba. Definitivamente era más fácil cuando estaban todos juntos. Ahora todo dependía de ella y estaba más decidida que nunca a no dejarse doblegar, ya que si lo hacía, luego llamarían a otra y luego a otra... y al final, los habrían derrotado.

     El hombre la miró directamente a los ojos.

     Gaby le sostuvo firmemente la mirada como había hecho el primer día con el inspector gordo de barba. También esta vez fue el detective quién desvió la vista primero.

     El investigador la instó a que se dejara de tonteras y pasara adelante, pero ella le respondió con muy buen volumen, esforzándose en que no se notara el más mínimo temblor en su voz:




     ¡¡Yo no pienso salir adelante y caminar, si desean un vídeo de mí, tendrán que filmar como me golpean para subir y como me arrastran por la pasarela, ya que por mis propios medios jamás lo haré!!

     El investigador furioso, la insultó, los llamó a todos estúpidos e ignorantes y la retó para que le dijera cuáles eran sus estudios. Parecía que esa era su táctica para amedrentar a la gente, pero tal como las veces anteriores, cuando ella les respondió que era una profesional y que era analista de sistemas, el amedrentado fue el detective.

     Ahora el hombre —tal vez preocupado o tal vez intentando un nuevo método— le pedía que bajara la voz e intentaba hacerse el simpático y conversar. Cambiando visiblemente de tema, le preguntó sobre sus uñas, las cuales de nacimiento crecen hacia arriba y para molestarla, le dijo que parecían un arma.

     A mí, un lector de manos, me dijo en una ocasión que eran un signo muy propicio y que significaban desapego —respondió ella en tono despectivo.

     El investigador se la quedó mirando nuevamente en silencio, luego miró al camarógrafo que se hallaba al fondo de la sala y volvió al ataque. Los demás investigadores se estaban acercando, ella podía sentirlos a su espalda pero no quiso voltearse a mirar.

     El investigador a cargo, que era el único que hablaba, continuó intentando convencerla afirmándole que lo único que querían era ayudarla, que los investigadores no tenían nada contra ninguno de ellos y que lo único que él quería era cumplir con su trabajo.

     Si las cosas son como ustedes dicen, ¿por qué es que han golpeado a mis amigas?

     ¿A quien han golpeado? Ninguna tiene marcas. ¿Cómo es que dices que las han golpeado? ¿Tú te crees todo lo que te dicen tus amigas?

     ¡¡Es porque ustedes saben como golpear sin dejar marca!! ¡A Mercedes la han golpeado en el ojo que tiene malo y a Roxana la han abofeteado en la cara y desde ayer tiene en la mejilla izquierda la marca nítida en rojo de tres dedos que no se le han borrado! —Gaby, sin medir las consecuencias sobre ella, continuó echándoles los hechos en la cara cada vez más enojada por el cinismo de aquella gente.

     Después de algunos cuchicheos, el investigador volvió al ataque:

     Pero si tu amiga lo que tiene es una erupción, y eso, es una reacción alérgica. ¡No seas ignorante! —Afirmó con desprecio.

     ¡¿Una reacción alérgica que le surgió justo en el punto en el que le pegaron?! Además, es obvio que cada piel reacciona diferente. ¡Si mi amiga me dice que la han golpeado y ella me ha demostrado que es una persona en la cual yo puedo confiar, yo le creo a ella, no así a ninguno de ustedes que ni siquiera me han permitido hablar con un abogado hasta ahora!

     ¡Mira! Por si no lo sabes, nosotros aquí podemos hacer lo que queramos y nadie se va a enterar. Tú, ni ninguno de ustedes tiene derecho a ningún abogado si nosotros no lo queremos, así es que vayan terminando de una vez con esa cancioncita que ya me está cansando y mejor subes de una buena vez esas escaleras o si no…

     El investigador se veía visiblemente cansado ya de esta discusión que no lo estaba llevando a la victoria y mientras hablaba, miró a los otros detectives que se acercaron aún más, ahora estaban todos rodeándola muy de cerca.

     Ella, forzándose por mantener la calma, le contestó que su cónsul ya había sido informado de su presencia allí y que iba a presentarse en cualquier momento. No sabía si realmente le habían informado al cónsul y menos aún si vendría, pero necesitaba conseguirse apoyo de algún tipo.

     El investigador miró al detective que tenía a la derecha, y éste, moviendo negativamente la cabeza y alzándose de hombros, dijo suavemente: es peruana

     ¡Tu cónsul! ¡Qué va a hacer tu cónsul! ¡Tú, ni ninguno de tus compatriotas le importa nada y aunque nosotros le informemos que ustedes están aquí, probablemente ni venga! ¡Todos ustedes no son sino un verdadero estorbo, deberían llevarlos a las cárceles de su país para que vieran lo que es bueno, allí sí que los golpearían! ¡Peruanos ignorantes! ¡Ojalá se vayan pronto todos de aquí…! —Continuó el hombre furioso.

     Y así siguió, con una serie de insultos a ella y a su país, pero ahora Gaby simplemente permaneció en silencio.

     Cuando por fin se cansó de hablar, se la quedó mirando un rato más, luego, volteándose hacia el investigador que tenía a su izquierda, le ordenó que se la llevara para que le hicieran el acta de filiación.

     Gaby no sabía qué era el acta de filiación ni si debía permitir que se la hicieran, pero ya no tenía a quien preguntarle y mansamente se puso de pie.

     Recorrió con la vista el salón y pudo ver que el camarógrafo era el único que había quedado en su posición inicial y que todos los demás estaban tan sólo unos pasos alrededor de ella.

     Salieron del salón y descendieron nuevamente por las escaleras hasta el primer piso.

     El investigador encargado de cuidarla era joven, de cabello claro, terno y de aspecto limpio. Si bien su apariencia era agradable, mantuvo a Gaby todo el tiempo firmemente sujeta por el brazo mientras bajaban y al momento de hacer la curva en la escalera, le dio un tirón tan fuerte que la lastimó hasta el punto que ella, sin querer, hizo una mueca de dolor.

     Te sujeto así para que no te vayas a rodar por las escaleras y lastimarte… —dijo el hombre a manera de disculpa, sonriéndole hipócritamente.

     Salieron hacia la derecha y casi inmediatamente doblaron nuevamente a la derecha para entrar por un corredor en el que, un par de metros sobre la mano izquierda, había una puerta cerrada que ostentaba el letrero «Filiaciones» a un costado.

     El hombre le hizo una indicación para que se sentara en la banca frente a la puerta e intentó mostrarse simpático y convencerla por las buenas de que participara en el vídeo de fichaje, pero ella, firme en su decisión lo increpó:

     Tú y cada uno de ustedes, saben que todo lo que están haciendo aquí es ilegal, que nuestro arresto fue ilegal, que la historia que han contado a la gente sobre nosotros no es cierta y que nosotros tenemos derecho, al menos, a tener un abogado…

     El investigador, que en apariencia se veía algo más decente que los demás del lugar, se paseó un tanto inquieto de un lado a otro y no hizo ningún otro intento de convencerla. Después de unos veinte minutos de espera, la obligó a levantarse y la llevó de regreso a su celda.

     Ella se sentía victoriosa. Podrían inventar lo que quisieran de ellos, pero no iban a lograr doblegarlos.


continuará ...